Comunicadora
FICCIONES
ESTRELLAS DE PLÁSTICO Y CORONAS DE PAPEL DE IMPRESORA
Abajo de la cama de mi tía Loli, vivía el Oso Jacinto. Nunca lo vimos, pero sabíamos que existía. Salía de noche a buscar comida, pero era un oso bueno, no nos lastimaba nunca. Loli tenía otro amigo especial: un pececito negro que nadaba en la pileta de su casa, no me acuerdo como se llamaba. Igual, tampoco me gustaba. Un pececito encerrado en vez de en el mar. Pero Loli decía que era libre, iba y venía de la pileta al océano cuando quería. Puede que fuera verdad, tampoco lo vi nunca.

VÍBORAS
A los nueve soñé con víboras frías y de colores: verde, negro y amarillo. Todas brillantes y suaves, parecían hechas de piedra. Cubrían las paredes y el piso de la galería de la casa de Abuelo y Abuela, la del campo. Ni un centímetro cuadrado estaba libre de los reptiles. Yo avanzaba por los pasillos invadidos, pero ellas no me tocaban ni se movían para que pasara. Flotaba sobre sus cuerpos largos, fascinada por el mar venenoso y mortal.
Me desperté de golpe, con el gusto que dejan esos sueños que te acompañan todo el día y con la sensación de que todo olía a lavandina.

SI LLUEVE
Cuando llegaba el calor a Buenos Aires, papá nos llevaba a andar a caballo entre los médano. Su familia tiene un campo en Necochea , y nosotros tuvimos la suerte de disfrutar todas las vacaciones del pelo salado y las narices descascaradas. Eran los quince días más perfectos del año, y la felicidad de verano se negaba a irse. Parecía querer quedarse entre la arena que arrastrábamos por el cuero cabelludo con nuestras uñas, muchas semanas después de que nos pusiéramos el uniforme de colegio y que mamá guardase los trajes de baños y bombachas de campo en la parte de arriba del ropero.

COSAS DE GRANDE
El cuarto de mi abuela queda al final de un pasillo donde hay dos puertas. Al fondo, está la que lleva al cuarto de Mam; pero a medio camino, en la pared izquierda, hay otra chiquita y tímida, que busca pasar desapercibida. Atrás de ella, vivía una princesa. Cuando golpeaba la puerta, la princesa cantaba. Era una canción suave y mágica. Había veces que no contestaba, y yo, asustada, corría a buscar a mamá.
