Cigarrillos mentolados y limón con licor para el frío
- Clara Bosch

- 26 jun 2020
- 3 Min. de lectura
FICHA TÉCNICA
Título: La nieta del Señor Linh
Autor: Philippe Claudel
Género: Novela de ficción
Editorial, lugar y fecha de edición: Salamandra, Barcelona, octubre 2006.
Número de páginas: 128
Traductor: José Antonio Soriano Marco
Un anciano frágil que huyó de su país destruido por las balas y el fuego con su nieta de tres meses escondida en sus brazos, y un hombre mayor con el corazón pesado por la muerte de su mujer sentados en un banco de una plaza helada. No hablan el mismo idioma ni conocen la historia del otro, mas charlan durante horas. En La Nieta del Señor Linh, Phillipe Claudel crea un relato de pérdida y esperanza, donde la amistad y la tolerancia son el puente para un nuevo comienzo. Entre el Señor Linh y el Señor Bark se formará una relación inusual, donde las palabras no hacen falta y los gestos de cariño sobran.
El escritor de las premiadas novelas El Informe de Brodeck, premio Goncourt des Lycéens en 2007, y Almas Grises, premio Renaudot en 2003, vuelve a crear un relato con la guerra y la hostilidad al extranjero de fondo, pero en un tono más optimista que en la oscura El informe de Brodeck. Además, una vez más elige anclar el relato en un tiempo y espacio indefinido: el Señor Linh es de un país asiático, el Señor Bark, de un país primermundista. Claudel explicó en una entrevista para Europapress que su novela es “un canto universal” a la tolerancia, por eso prefirió dejar los lugares y tiempos imprecisos.
Claudel, nacido en Nancy en 1962, ha escrito diez novelas, es profesor de Literatura en la Universidad de Nancy y dirigió películas como I've Loved You So Long (2008). Trabajó como docente en prisiones, donde aprendió sobre la complejidad humana, la culpa y los prejuicios. Sin estas experiencias, según dijo en una entrevista para el periódico inglés The Independent, no podría haber escrito muchas de sus novelas.
Con un narrador tranquilo y minimalistas, que da la información de a pequeñas dosis permitiendo saborear cada imagen, Claudel crea dos personajes igualmente distintos: un hombre menudo y manso, que agradece inclinando la cabeza cualquier gesto de amabilidad, que con movimientos torpes pero tiernos cuida de su nieta; y un hombre gigante de manos callosas y dedos gruesos, que prende cada cigarrillo con la colilla del anterior, y que habla tanto como fuma. El Señor Linh vive con un pie en un doloroso pasado que recuerda patológicamente y otro en el presente, de la mano de su nieta: “Tú y yo estamos solos (…) Pero estoy aquí, no tengas miedo, no va a pasarte nada… Soy viejo, pero tendré fuerzas mientras haga falta, mientras seas un pequeño mango verde que necesita al viejo árbol”. El Señor Bark carga con la tristeza de una muerte y una culpa secreta que lo carcome. Dos hombres que no entienden las palabras del otro, pero que comparten dolores y esperanzas, que esperan cada día para verse y acompañarse, que están solos en un mundo un poco loco pero con las mismas ganas de vivir.
Es una novela sensorial que se siente en todo el cuerpo. Cuando el idioma no se entiende, los sonidos y los gestos son el lenguaje por excelencia. La mano pesada del Señor Bark sobre los hombros del frágil Señor Linh, la sonrisa del anciano asiático que se esfuerza por transmitir todo lo que siente, el canto de sus voces, a partir del cual cada uno intenta comprender algo, lo esencial, de la historia del otro: “El señor Linh lo mira y escucha con mucha atención, como si lo comprendiera todo y no quisiera perderse nada del sentido de sus palabras. Lo que comprende el anciano es que el tono del señor Bark trasluce tristeza (…) algo que la recorre como la savia recorre el árbol sin ser vista”. Dos ancianos sensibles que saben entender al distinto a pesar de que solo saben saludar en el idioma del otro. Para el autor, “ser un ser humano es cruzarse con una persona en el pasillo del hotel y decir buenos días. Son pequeñas cosas que explican que el principio de vivir en sociedad es estar juntos, no lado a lado” , según sostuvo en una entrevista para ABC.
Una novela dulce que de a ratos le sobran unas cucharadas de azúcar, con un final sorprendente que resignifica toda la historia. Un relato de una amistad que parecía imposible, pero que muestra que hasta “buen día” y “tao lai” sobran si hay té de limón con licor y cigarrillos mentolados.
* Nota escrita para la materia Géneros y Estilos Creativos de la carrera Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Austral.



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