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Fernando Uranga: el profesional de la solidaridad

  • Foto del escritor: Clara Bosch
    Clara Bosch
  • 4 abr 2019
  • 3 Min. de lectura

Fernando Uranga es nuevo en el sector solidario. Su formación en el sector privado lo desafía a buscar la excelencia: “Tenemos todo lo mismo que una empresa privada con el plus de que lo que hacés te llena muchísimo”.


Mientras limpia las migas de la mesa con un trapo, explica que la sala de reuniones funciona también como comedor. Sin detenerse, sale de la habitación para ver si “los chicos” ya hicieron un mate. Vuelve con uno corto y un poco lavado. Finalmente, se acomoda en una de las ocho sillas giratorias.


Fernando Uranga divide su día de trabajo entre los dos corralones de SUME, la oficina de Vivienda Digna y reuniones con distintas empresas colaboradoras. Créditos: Clara Bosch

De un momento a otro, Fernando Uranga, el hombre que llegó por una calle mal pavimentada al corralón solidario SUME y que bromeó con las personas que se cruzó en el camino, se transformó en un empresario. Con palabras claras y términos anglosajones, detalla el trabajo del corralón como quien da una entrevista a una revista de economía y negocios: “Esto es retail y, como toda actividad de retail, el margen es muy chiquito. Se dice que es un negocio de los detalles, porque es ahí dónde está la pequeña ganancia. En SUME no es que haya esa ganancia, lo que sucede es que si no estás muy de cerca en la operación, vas a números rojos automáticamente”.


Uranga tiene 41 años, trabajó durante más de 15 años en el sector privado y cuenta en su currículum con las multinacionales Alsea y Sab Miller. Desde 2017 es el director de SUME Materiales, el corralón solidario de la ONG Vivienda Digna. En él, familias de bajos recursos pueden encontrar materiales de construcción y mobiliario necesarios para mejorar su casa a mitad de precio.


La cabeza de SUME explica que apuntan al profesionalismo y tienen un objetivo de crecimiento. Pero esta búsqueda de excelencia no es lo único que caracteriza a Uranga y los empleados del corralón lo saben muy bien. Facundo trabaja en el área de cobranzas hace 11 años y cuenta que el director trajo nuevas tecnologías, pero que lo que más valora de él es su capacidad de escuchar. “Cuando charla con vos te presta atención, y en ese momento lo más importante es lo que tenés para contar”, describe el joven de 35 años.

“No es solamente la productividad que tenés, sino que cuanto más hacés, más familias agradecidas y felices ves”, dice Fernando Uranga.

¿Qué es lo que hace al diferente trabajo en SUME? Uranga lo tiene muy claro y lo señala con una sonrisa: “No es solamente la productividad que tenés, sino que cuanto más hacés, más familias agradecidas y felices ves. Te mandan fotos de su casa, imágenes de cómo mejoraron el cuarto de su hijo o de cómo les quedó un mueble en el medio del estar; eso te llena muchísimo”.


El interés por lo solidario estuvo presente a lo largo de los 40 años del director de SUME pero de manera esporádica. De chico misionó con el colegio y, en determinados momentos de su vida, colaboró con alguna fundación o parroquia. “Pero como buen argentino, nunca en forma sistemática. Así que es la primera vez que queda algo permanente, estructurado y metódico”, comenta riendo. Uranga cree que esta falta de sistematización es un mal que aqueja a todos los argentinos y es la culpable de que no existe una estructura de apoyo solidario en el país, la solidaridad en Argentina se da como “esfuerzos espasmódicos”, si bien considera que es un pueblo solidario.


El ingeniero graduado de la UCA cree que la solidaridad “se mama” y, que cuando se trabaja en una organización solidaria, toda la familia va al proyecto. “Lo escuchan en la comida de la noche o se involucran, ayudan un día haciendo algún laburito acá y conociendo otra realidad”, explica. A los que les toca acompañarlo en este proyecto son su mujer “Lali” y sus cuatro hijos: Delfi (19), Sarita (15), Salvador (13) y Santi (3). Su familia cercana destaca las características que lo hacen una gran persona. Lucía Pistarino (37), casada con Jaime Uranga hace 10 años, hermano de Fernando, valora la generosidad e integridad de su cuñado.


¿Piensa quedarse el resto de su carrera en el sector solidario? Uranga no lo sabe, dice que la única certeza que tiene es que necesita retos: “Lo que más me motiva son los desafíos que me incentiven a desarrollar nuevas habilidades y a hacer cosas nuevas. Hoy estoy contento, feliz, con muchos proyectos acá. Pero en 40 años podré contestar con mayor certeza”.


* Nota escrita para la materia Producción Discursiva de la carrera Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Austral.



 
 
 

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©2019 por Clara Bosch.

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